lunes, 24 de diciembre de 2012

¿COMO MANEJAR LAS RABIETAS DE LOS HIJOS?



Las rabietas, también conocidas como berrinches o pataletas, son manifestaciones de la rabia o frustración que sienten los niños cuando se encuentran frente a situaciones que les resultan imposibles de controlar.
Las rabietas aparecen generalmente alrededor del primer año de vida y se hacen más frecuentes entre los 2 y 5  años (etapa pre-escolar) ya que en esta etapa los niños empiezan a desarrollar su independencia y, como consecuencia, se frustran cuando quieren hacer algo por sí solos y no lo consiguen; o cuando los demás (especialmente los padres) les ponen límites a su comportamiento. Es la “edad del no” o la “edad de la rebeldía”.
La etapa de la rebeldía es para el niño un período muy importante en su aún corta vida. El niño logra entender que tiene una voluntad propia y ya no está dispuesto a aceptar todo lo que los adultos le plantean. El niño tantea su capacidad de imponerse, desarrolla ideas, define objetivos y los lleva a la práctica. Es frecuente que en este proceso el niño se tope con las limitaciones propias de su edad y reaccione con la frustración correspondiente, la cual como ya sabemos, la expresa a través de rabietas.
En esta medida podemos considerar a las rabietas infantiles como comportamientos que forman parte del desarrollo psicológico normal de los niños y como una forma que ellos tienen de comunicarnos que se están haciendo independientes.
Los niños más grandes también pueden presentar rabietas, sin embargo, se espera que las rabietas vayan disminuyendo a medida que el niño va creciendo y aprendiendo a enfrentar situaciones de frustración con mayor madurez. La persistencia de las rabietas en niños más grandes es una señal de que el niño está buscando desafiar la autoridad de los padres y demostrar su propia personalidad.
¿Cuáles son las características de las rabietas?
Ninguna rabieta es igual a la otra ya que cada niño reacciona frente a la frustración de diferente manera, dependiendo de su carácter y de la situación.
Sin embargo, podemos identificar algunas características que se repiten en toda rabieta:
  • Toda rabieta es un acto de desesperación del niño ante su desconcierto y desilusión al ver que los adultos le niegan algo que él tanto desea, o que le imponen hacer cosas que no puede o no quiere cumplir.
  • Es un comportamiento irreflexivo que se desata en el niño de manera involuntaria, una vez que empieza y está en marcha ya no puede detenerse. En este momento las palabras tranquilizadoras o los argumentos expresados ya no tienen ningún efecto. Si en una situación como esta los padres levantan la voz o usan el castigo físico, la situación empeorará y el niño gritará y llorará más fuerte.
  • El niño cuando está con berrinche muchas veces olvida el motivo que lo desató. La rabia del niño está dirigida ya no sólo hacia la persona que le impuso la restricción o lo privó de algo que deseaba, sino hacia el mundo en general.
¿Qué puedes hacer para prevenir o responder de forma adecuada frente a las rabietas de tu hijo?
  • Ten presente que hay situaciones en las que las rabietas de los niños pequeños son habituales,  tales como: cuando vas de compras con ellos, al vestirlos, a la hora de comer y cuando te ocupas de su aseo personal.
  • Evita en la medida de lo posible aquellas situaciones que suelen desencadenar mal humor en los niños y por lo tanto posibles rabietas, tales como: el cansancio, el estrés, el ver interrumpidas de forma abrupta las situaciones que son divertidas para ellos, el no respetar su ritmo para acostarse y levantarse y dejarte llevar por tu impaciencia, el no prestarles la atención que se merecen, entre otras. Es importante que le dediques un tiempo de calidad a tu hijo, dale importancia a las cosas que son fundamentales para él.
  • Aprende a identificar las primeras señales que da tu hijo de que se avecina un berrinche (por ejemplo: una voz llorosa, una reacción brusca, un gesto de disgusto que observes en su rostro, etc.). Al percibir estas señales puedes hacer uso de todos los recursos que tu imaginación te dicte para lograr distraerlo y de este modo evitar la rabieta. Recuerda que estos recursos sólo funcionan al inicio de una rabieta y no cuando ésta ya está en marcha.
  • Ten presente que el supermercado y la calle son los lugares ideales para que tu pequeño hijo ponga a prueba tu grado de paciencia. Por esta razón conviene que reacciones ante estas rabietas tal cual reaccionarías si ocurrieran dentro de casa. Si tu hijo se da cuenta de que por temor a pasar vergüenza te comportas de forma especialmente condescendiente con él en lugares públicos, tu hijo tendrá a su favor una herramienta poderosa para manipularte cada vez que pueda.
  • Nunca personalices las rabietas de tu hijo ni las interpretes como falta de cariño hacia ti. Tu hijo cuando se siente furioso o frustrado va decir cosas que en verdad no siente. No concluyas por ello que eres un “mal padre o una mala madre”. Ser padres significa también cometer errores. Si consideras que actuaste de forma injusta con tu hijo, es recomendable que admitas tu error y le pidas disculpas.
  • A pesar de que te encuentres furioso/a porque tu hijo ha entrado en berrinche no debes luchar con él por el poder, ya que al hacerlo estas debilitando tu posición y no le estas dando a tu hijo la seguridad que él está necesitando. Tú como adulto eres más fuerte y tienes más poder que tu hijo, nunca utilices esta superioridad para corregirlo usando la violencia o la agresión (amenazas, insultos, humillaciones).
  • Cuando tu hijo está con rabieta no cometas el error de tratar de calmarlo prometiéndole algo que no vas a poder cumplir. Al hacerlo estás afectando de forma negativa el vínculo de confianza que tienes con tu hijo.
  • Como padre presta atención a tus propias señales de cansancio y de estrés, y toma acciones que te ayuden a descansar y a relajarte. Busca personas que te apoyen en el cuidado de tu hijo mientras te das un tiempo para descansar o para hacer algo que contribuya a que tu estrés baje.
  • Establece prohibiciones sensatas y evita atiborrar a tu hijo con demasiadas prohibiciones.
  • Si tus intentos por evitar la rabieta de tu hijo no resultaron y ésta se desató, hay varias acciones que puedes emprender para poder tolerarla y contribuir a ponerle fin:
v  Ignora la rabieta de tu hijo y espera con paciencia a que termine.
v  Practica el “tiempo fuera” con tu hijo. Envíalo a una habitación por unos breves minutos hasta que se calme. Sólo aplica esta medida si estás 100% seguro de que tu hijo no corre riesgo alguno de hacerse daño en medio de su rabieta al encontrarse sólo en la habitación. Una práctica más segura del “tiempo fuera” es que te alejes unos cuantos metros mientras que está con la rabieta y que te acerques a él una vez que su rabieta ha terminado.
v  Si tu hijo tiene más de 5 años puede ser recomendable que converses con él después que haya terminado su rabieta. No conviene abordarlo para conversar inmediatamente después, espera un momento más tranquilo y expresa con tono neutro (no colérico) tus objeciones frente a su comportamiento. Cuando converses dirige tus reproches hacia su comportamiento y no hacia él como niño o hijo.

Si observas que tu hijo ya es grande (más de 6 años) y sus rabietas continúan con la misma frecuencia e intensidad que cuando era más pequeño (entre los dos y cinco años o etapa de la rebeldía) o si a ti como padre se te hace muy difícil poder reaccionar de forma adecuada frente a sus rabietas, conviene que busques a un profesional que tenga experiencia en trabajo psicoterapéutico con niños y en orientación psicológica para padres.

viernes, 1 de junio de 2012


¡SOCORRO, HAY UN PADRE DE UN ADOLESCENTE EN CASA!
COACHING PARA PADRES

La verdad es que muchos hogares se han convertido en un campo de batalla debido a la independencia que los adolescentes están buscando. Muchos de ellos hablan de sus padres como si estuvieran refiriéndose a seres desagradables que les hacen la vida imposible.

Lo cierto es que la mayoría de veces los padres actúan en base al amor que le tienen a sus hijos, a veces acertarán y otras veces cometerán errores. Además hay que tener en cuenta que los padres de un adolescente generalmente tienen una edad que también está asociada a una serie de cambios y crisis.¡ Y vaya que sí es un reto tener que lidiar al mismo tiempo con los cambios propios de su edad  y con los cambios de sus hijos!
Desde mi punto de vista como hija, sugiero que los padres tengan en cuenta 3 aspectos:  
  1. Saber que no pierden autoridad ante sus hijos cuando buscan entrar en su    mundo y comprenderlo. Esto los ayudará a construir una buena relación y comunicación con sus hijos.
  2. Los hijos adolescentes también tienen buenas ideas que aportar.
  3. “¡Déjenme opinar!” es el clamor de miles de adolescentes.

Un día una adolescente se me acercó llorando porque había tenido un problema con sus padres. Comencé a aconsejarla, pero ella no paraba de llorar y me contó lo sucedido en casa. Hasta que en un momento dijo “¡Pero tú no conoces a mis padres! ¡Ellos son unos monstruos!... esa era la imagen que había quedado grabada en su corazón. Cuando los padres utilizan mal su autoridad, no escuchan e imparten disciplina sin dar explicaciones, lo único que están haciendo es poner un muro entre sus hijos y ellos, y el tema empeora si recurren a los gritos para resolver el problema.

Los padres siempre mencionan saber escuchar…pero realmente ¿saben escuchar?

La adolescencia es una edad en donde los chicos/as quieren tener la oportunidad de opinar, refutar y manifestar lo que piensan y sienten.
A continuación les mostraré un fragmento del libro “El Clamor de los Jóvenes”  de Timothy Smith (libro que les recomiendo). El autor menciona 7 clamores o pedidos de los jóvenes de hoy.

Es importante mencionar que estos 7 clamores han podido ser identificados a partir de un estudio realizado con más de 1,000 jóvenes a nivel mundial:

  1. Clamor por confianza: Los jóvenes son bastante ambiciosos para tener éxito, pero están confundidos acerca del significado, propósito y dirección de la vida. Necesitan guías confiables que conozcan el camino y crean en ellos.
  2. Clamor por amor: Los adolescentes se sienten amados cuando los abrazos y las palabras van acompañados del tiempo y del apoyo que sus padres les dedican.
  3. Clamor por seguridad: Los adolescentes sienten miedo de vivir en una cultura que no los protege, que los apura en entrar a  la adultez y que no les da aquellas herramientas y recursos que necesitan para manejar los problemas de la adultez.
  4. Clamor por un propósito: Cuando los adolescentes sienten que su vida tiene propósito, es decir, un para qué; se sienten más capaces y preparados para ocuparse de las demandas de la adolescencia.
  5. Clamor por ser escuchados: La mayoría de los adolescentes desearían tener una conversación seria con un adulto que se preocupe por ellos, ellos anhelan compartir sus opiniones y buscan adultos compasivos con quienes relacionarse.
  6. Clamor por ser apreciados: Los adolescentes anhelan ser considerados más importantes que otras cosas y prioridades en la vida de sus padres.
  7. Clamor por ser apoyados: Los jóvenes se sienten apoyados cuando sus padres los hacen partícipes en la toma de decisiones que los involucra.
Hay algo en los jóvenes que lleva a sus padres a pensar continuamente que han fracasado en su labor como buenos padres. El modo en que los padres tratan a sus hijos tiene consecuencias profundas y duraderas en la vida emocional de ellos. Como padre, siempre tenga presente que la vida familiar es la primera escuela de aprendizaje emocional y las más importante que tenemos.

Al educar y criar a sus hijos, los padres siguen algunos patrones de comportamiento que luego los hijos pueden terminar repitiendo al formar sus propias familias y al ejercer la paternidad.

Algunos de estos patrones son:

  1. Padres que ignoran habitualmente los sentimientos de sus hijos por considerarlos de poca importancia.
  2. Padres de carácter autoritario.
  3. Padres muy críticos o desaprobadores.
  4. Padres inmaduros e imprevisibles.
  5.  Padres indiferentes.
Muchos padres de adolescentes se quejan de que sus hijos son muy herméticos y poco comunicativos con ellos. Estos padres generalmente buscan “sacarles las palabras con cucharita” y entran en un tipo de interrogatorio cuando conversan con sus hijos. Al hacerlo lo único que consiguen es que sus hijos se cierren más y se alejen. Creo que los padres podrían ganarse la confianza de sus hijos e incluso terminar siendo sus confidentes si es que en el día a día empiezan a tomar más en cuenta los sentimientos y las opiniones de sus hijos, y les demuestran comprensión (sin juzgarlos) aún en aquellos casos en que puedan estar en desacuerdo. La disciplina y la formación de los hijos siempre debe estar fundada en el amor y en la construcción de puentes afectivos entre ambas generaciones.


Gabriela Chávez Verme.

miércoles, 2 de mayo de 2012


EL IDIOMA QUE ESTA DE MODA: LA QUEJA

¿Sabías que el lenguaje qué está de moda es la queja, la crítica y la ofensa?... Es algo que mucha gente lo sabe pero en realidad no lo tiene presente, y esto es serio porque si todos los días estamos dándole cabida a esto a través de nuestra palabra ¿qué podemos esperar que pase en nuestra relación?

Pues debes recordar que a los hombres no les gusta que sus esposas se estén quejando siempre de todo. Y que a las mujeres no les gusta que sus esposos se estén quejando siempre de ellas. Puedo verte pensando: ¡Lógico! ¿A quién le va a gustar que su pareja se queje todo el día? Entonces, te diré: ¡Tienes la solución en tus manos! Si somos lo suficientemente conscientes de que a nadie le gusta escuchar quejas todo el día, ¡abandonemos esa actitud! Muchas veces no nos damos cuenta, pero este necio idioma está todo el día en nuestro vocabulario.

EL MATRIMONIO SE DISEÑO PARA DISFRUTARLO, NO PARA AGUANTARLO.

Debemos arraigar una idea en nuestra cabeza: El matrimonio se diseñó para disfrutarlo en su totalidad, no para aguantarlo. Piénsalo, medítalo, si el esposo o la esposa no puede encontrar paz en su propio hogar, donde debería poder descansar y sentirse a aceptad@, amad@ y content@, no solo vas a detestar estar en tu casa, si no que empezarás a odiar tu propia vida. En algunos casos ocurre que uno de los conyugues (o los 2) hasta busca fuera ese lugar de paz y, al final, deja el hogar.

Pensemos en una de las costumbres más populares y antiguas que tienen las parejas: Pretender que sus esposos o esposas hagan las cosas con exactitud como pensamos que debe ser. ¿Te ha pasado? Yo creo que... ¡Sí! Lo cierto es que eso trae un riesgo muy grande, ya que es inevitable que esta pretensión provoque que tu esposo o tu esposa: ¡Mejor que lo haga sol@! A la larga, la situación empeora y pueda llegar a convertirse en: ¡Mejor lo hago sol@!

Esto trae soledad, no lo dudes. Además, la comodidad de esa soledad para evitar a la “molesta esposa” o al “antipático esposo” hace que el deseo de estar sin compañía sea cada vez más seguido. Esa triste realidad suele ser el factor precipitante de la otra clase de comportamientos como dedicarse a la bebida o a las drogas, al internet, a tener relaciones extramatrimoniales o cosas peores. En la vida, perdemos un negocio si es que no sabemos administrarlo. En el matrimonio, perdemos a la pareja cuando no sabemos administrar nuestro amor y aprecio hacia ella o él.

¿Alguna vez has oído a alguien diciendo: “Allí está quien fue mi hijo o mi madre”? Eso no es posible, porque esas clases de relaciones son sólidas de verdad. En cambio, sí estamos escuchando cada día más a menudo “mi ex esposo” o “mi ex esposa”. Lo único que se refleja aquí es que esta relación de esposo-esposa es muy delicada. Por lo tanto, debes establecer prioridades en tu vida y darte cuenta que, antes de la relación con tus hijos, la relación con tu esposa o esposo es la más importante. Aun así, no hay que dejar de subrayar que también es la más frágil.

Gabriela Chávez Verme